Fotografía (5): Fotografía turística

Fotografía turística:

¿mirada panorámica o caníbal?

“La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma”.

Susan Sontag

“A fuerza de mirar, uno se olvida de que puede ser también objeto de miradas”.

Roland Barthes

¿Por qué consideramos que poseemos el derecho de dominar el mundo con la mirada? El sociólogo Urry (1990) considera que la imagen turística se ha convertido en un elemento básico para la experiencia turística. Los turistas actúan a la vez como «consumidores» de imágenes que han creado otros y como «productores» de imágenes que serán consumidas por los futuros turistas. En este sentido, la fotografía colabora en la construcción social de la imagen de un lugar y condiciona no sólo la elección de ese destino, sino también el comportamiento de los visitantes en estos espacios. Susan Sontag (1977) es especialmente crítica con la fotografía turística porque crea paisajes sin significados, sin contexto. De qué manera el turismo impone una falsa etnificación en las sociedades intervenidas, ¿nuestros destinos deben adaptarse a la medida de la fotografía que queremos tomar? Acaso, ¿Egipto continúa siendo faraónico 3.000 años después?

Posibles líneas de debates:

¿En qué medida el lugar visitado debe posar para nosotros?

¿Por qué el turista satisfecho es aquel que confirma sobre el terreno la imagen que ha visto mil y una veces a través de los diferentes medios de comunicación? Dentro de una lógica capitalista, ¿no es esa “imagen verdadera” la que crea “riqueza” y “prosperidad”?

¿En qué medida el turismo y la emigración constituyen dos formas diferentes de desplazamiento político en el espacio?

¿Cuál es la diferencia entre turista e inmigrante, como su reverso y su denuncia, dos flujos desiguales, uno ascendente y otro descendente?

Texto:

Excelencias, señores miembros y responsables de Europa:

 

Tenemos el honorable placer y la gran confianza de escribirles esta carta, para hablarles del objetivo de nuestro viaje y del sufrimiento que padecemos los niños y jóvenes de África.

 Pero, ante todo, les presentamos nuestros saludos más deliciosos, adorables y respetuosos con la vida. Con este fin, sean ustedes nuestro apoyo y nuestra ayuda. Son ustedes, para nosotros, en África, las personas a las que hay que pedir socorro. Les suplicamos, por el amor de su continente, por el sentimiento que tienen ustedes hacia nuestro pueblo, y sobre todo, por la afinidad y el amor que tienen por sus hijos a los que aman para toda la vida. Además, por el amor y la timidez de su creador, Dios Todopoderoso, que les ha dado todas las buenas experiencias, riquezas y poderes para construir y organizar bien su continente, para ser el más bello y admirable entre todos.

 Señores miembros y responsables de Europa: es a su solidaridad y a su bondad a las que gritamos por el socorro de África. Ayúdennos, sufrimos enormemente en África. Tenemos problemas y carencias en el plano de los derechos del niño.

 Entre los problemas tenemos la guerra, la enfermedad, la falta de alimentos. En cuanto a los derechos de los niños, en África, y sobre todo en Guinea, tenemos demasiadas escuelas, pero una gran carencia de educación y de enseñanza: salvo en los colegios privados, donde se puede tener una buena educación y una buena enseñanza, pero hace falta una fuerte suma de dinero. Ahora bien, nuestros padres son pobres y necesitan alimentarnos. Además, tampoco tenemos centros deportivos donde podríamos practicar el fútbol, baloncesto o el tenis.

 Por eso, nosotros los niños y jóvenes africanos, les pedimos hagan una gran organización eficaz para África, para permitirnos progresar.

 Por lo tanto, si ustedes ven que nos sacrificamos y exponemos nuestras vidas, es porque se sufre demasiado en África. Sin embargo, queremos estudiar y les pedimos que nos ayuden a estudiar para ser como ustedes en Europa.

 En fin, les suplicamos muy, muy fuertemente, que nos excusen por atrevernos a escribirles esta carta a ustedes, los grandes personajes a quienes debemos mucho respeto. Y no olviden que es a ustedes a quienes debemos quejarnos de la debilidad de nuestra fuerza en África.

 

Carta escrita por dos niños guineanos: Yaguine Koita (14 años) y Fodé Tounkara (15 años).

Fueron encontrados muertos en el interior del tren de aterrizaje de un avión que cubría la línea Conakry-Bruselas, el 2 de agosto de 1999.

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