Poesía (1-2015): Ritmando acciones (aún)

Ritmando acciones (aún)

«La frase poética es tiempo vivo, concreto: es ritmo, tiempo original, perpetuamente recreándose»

Octavio Paz, El arco y la lira

«Ama tu ritmo y ritma tus acciones»

Rubén Darío, Prosas profanas

Resulta necesario preguntarse qué ha sucedido en el último siglo y medio para que el componente rítmico de la poesía haya sido rechazado e incluso denostado por un gran número de poetas. Más, si cabe, porque en muchos de los mitos la poesía nace a la par o es hija de la música, disciplina artística que, si bien ha tenido sus propios desarrollos radicales, hasta cierto punto arrítmicos, como el dodecafonismo u otros experimentos vanguardistas, conserva por regla general el establecimiento de un mapa rítmico, denominado partitura.

En esta tertulia quisiéramos reflexionar sobre las razones que han llevado a esta situación en la cual todo poema con un tempo acentual más o menos regular es sentido por muchos como anticuado, y tratar de poner sobre la mesa la ineludible actualidad del ritmo, incluso en los versolibristas más radicales de la vanguardia, o en algunos jóvenes transgresores de nuestros días. Pues, para muchos otros, el ritmo supone el corazón neurálgico del verso, el único impulso inicial, el medio, junto con la imagen, para trascender la realidad hasta poder entroncar la poesía, pitagóricamente, con el cosmos, o, simplemente, la prueba de fuego para poder llegar a escribir un buen verso libre (y la prueba son Mallarmé, Pessoa o Juan Ramón Jiménez).

Posibles líneas de debate

¿Constituye el ritmo el origen de la poesía? ¿Fue antes la poesía o la música?

¿Por qué hay quien piensa que el verso libre no tiene ritmo?

¿Por qué los textos con un ritmo regular los siente envejecidos un lector actual?

¿Ha dejado de ser el ritmo el núcleo de la creación en la poesía contemporánea? ¿Son los mejores versolibristas primeramente poetas regulares?

¿Puede haber ritmo en la poesía experimental?

Textos

«El salto anárquico de la alegría se convierte en danza; los gestos desordenados, en graciosa mímica, llena de armonía; se despliegan los confusos sonidos de la sensación, empiezan a obedecer al compás y se inclinan al canto»

C. F. Schiller, Carta XXVII, Cartas sobre la educación estética del hombre.

«¿Quién de nosotros no ha soñado, en sus días ambiciosos, con el milagro de una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, lo suficientemente flexible y dura como para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño y a los sobresaltos de la conciencia?»

Charles Baudelaire, Pequeños poemas en prosa.

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