Fotografía (4): Violencia en fotografía

Violencia en fotografía

¿un medio para la denuncia social o un anestésico visual?

“Tanto si el sujeto ha muerto como si no,

toda fotografía es siempre una catástrofe”

-Roland Barthes

“El Espectáculo es el mal sueño de la sociedad moderna encadenada,

que no expresa en última instancia más que su deseo de dormir.

El espectáculo vela ese sueño”

-Guy Debord

Nuestra educación visual se ha nutrido de manera disciplinada y obediente con un serie infinita de cuerpos esqueléticos que han sufrido la guerra, el hambre, la enfermedad y cualquier tipo de violencia (im)posible. Dentro de un universo dominado por la muerte y la destrucción industrialmente organizada, los cuerpos son reducidos a mera imagen fotográfica. Adorno cuando nos habla sobre Auschwitz, nos advierte que debemos ser conscientes del hecho que escribir poesía en estas circunstancias resultaría una auténtica “barbarie”. Parafraseando el sentido más profundo de estas palabras ¿hasta qué punto cartografiar la piel y fotografiar el cuerpo tras las barbaries de la modernidad, empuja no tanto al exceso de lo decible como a la (im)posibilidad de un silencio que queda transformado en cómplice de la cháchara discursiva? Tal como advierten Margarita Alvarado y Peter Mason (2001) “no es exactamente el lente que convierte a los sujetos humanos en objetos, sino muy por el contrario, son los propios seres humanos los que convierten a otros seres humanos en objetos”. A pesar de nuestra habituación mediática al horror y a la sistemática obsolescencia del sentir, ¿por qué ciertas imágenes y no otras, son capaces de lacerar nuestra mirada y nuestra conciencia?

Posibles líneas de debate:

¿Hasta qué punto tenemos naturalizada la violencia visual?

¿Cuál es el sesgo ideológico normativo ante la (re)presentación codificada de la violencia?

¿Existe una voluntad de control y dominio que vertebra un discurso lleno de opacidades, destinado a salvaguardar una serie de intereses de clase, de género, de raza o culturales?

¿Qué decir del cuerpo y de sus imágenes ante lo injustificable de un horror que desborda cualquier discurso y que eterno se repite en cada genocidio, en cada masacre, en cada aniquilación…?

Textos:

El odio-amor hacia el cuerpo tiñe toda la civilización moderna. El cuerpo como lo inferior y sometido, es convertido de nuevo en objeto de burla y rechazo, y a la vez es deseado como lo prohibido, reificado, alienado. Sólo la civilización conoce el cuerpo como una cosa que puede poseer.

Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, Dialéctica de la Ilustración, 1944.

—¿Y éste? ¿Es un uniforme, éste? —exclama Sheila.

Te has quedado turbado. —No, éste no… —murmuras.

—¡Pues sí! —grita Sheila. —¡El cuerpo es un uniforme! ¡El cuerpo es milicia armada! ¡El cuerpo es acción violenta! ¡El cuerpo es reivindicación de poder! ¡El cuerpo está en guerra! ¡El cuerpo se afirma como sujeto! ¡El cuerpo es un fin y no un medio! ¡El cuerpo significa! ¡Comunica! ¡Grita! ¡Impugna! ¡Subvierte!”

Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero, 1980.

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Fotografía (2): desnudos fotográficos

Desnudos fotográficos

¿El cuerpo como (re)presentación del cuerpo?

“Ante ¿qué permanecemos ciegos/as al ver un cuerpo por más desnudo que esté?”

-Meri Torras

“No se nace mujer, una llega a serlo”

-Simone de Beauvoir

Entendemos el espacio corporal como una encrucijada discursiva, que nos llega cruzado por una pluralidad de discursos de orden diverso -la psicología, la medicina, la sociología, la filosofía, la religión, el arte…- cuyo conocimiento del cuerpo despliega estrategias de (re)presentación vinculadas al saber/poder. Nos escribimos en el cuerpo y, a la vez, el cuerpo (nos) escribe. ¿Qué dice nuestro cuerpo sobre nosotras/os mismas/os? ¿Cuáles son los parámetros socializadores que nos convierten en un cuerpo? ¿Qué potestad o control poseemos sobre nuestro relato? El cuerpo puede leerse como un texto bio-político dentro de una red de códigos que le permiten significar, (re)presentar y ser. ¿Puede el cuerpo ser pensado como una materialidad precisa, ajena a la cultura y sus formas?. ¿Más que tener un cuerpo o ser un cuerpo, nos convertimos en un objeto que negociamos? Durante nuestro devenir como sujetos vivimos dentro una serie de coordenadas que nos hacen identificables y (re)conocibles.

Posibles líneas de debate:

¿Nuestra imagen nos representa, inclusive la desnuda? ¿Cómo discernir entre el “verdadero” cuerpo (re)presentado y el “falso” cuerpo (re)presentado?

Si hay un cuerpo que no cabe en la (re)presentación, si no lo alcanzamos a representar, ¿dónde está ese cuerpo?, ¿cómo podemos conocer ese cuerpo?, ¿cómo vamos a hallar ese cuerpo si no es a través de alguna (re)presentación?

¿Qué discursos sobre la sexualidad se ponen en juego en las fotografía de desnudos? ¿En qué medida se encuentran imbricados a los discursos sobre sexo y género? ¿Qué actitud adoptamos ante esos discursos?