Cine (3-2016): Cine político contra arte por el arte

Cine político contra «arte por el arte»

«El proceso técnico es, para el autor como productor, la base de su progreso político. Con otras palabras: solo la superación de los ámbitos de competencia en el proceso de producción intelectual (que constituirían su orden, según la concepción burguesa) vuelve políticamente eficaz a esta producción; y las dos fuerzas productivas que estén siendo separadas por el límite de competencias levantado entre ellas son precisamente las que deben derribarlo conjuntamente. Al experimentar su solidaridad con el proletariado, el autor como productor experimenta al mismo tiempo y de manera inmediata su solidaridad con otros productores que anteriormente tenían poco que ver con él» 

Walter Benjamin. El autor como productor, 1934

«[Debemos] repensar cual es el papel social de un artista, un cineasta, un crítico o un teórico y cómo nuestro trabajo tiene que estar insertado en el contexto social. Y todavía, por muy críticos que seamos con esas figuras, seguimos bebiendo y mirándonos en espejos que son muy del genio del XIX (o del XX, me da igual) y del concepto de autoría y de nombre, de lo importante que es el marchamo de la identidad, de la carrera… [En caso contrario,] ¿de qué vives? Porque en realidad lo que quieren la institución y el mercado es ese nombre. El mercado y el sistema de producción en el que estamos inmersos son fetichistas. Y está muy penalizado el no pasar por ahí económicamente y con la deslegitimación y el ninguneo»

María Ruido. Entrevista con Carlos Escolano. Vimeo, 2016

¿Debe el artista aspirar a vivir de su trabajo? ¿O, como opinan algunos, se es realmente artista cuando no se depende económicamente de los resultados de su obra y se es por tanto, más libre e independiente de los gustos del mercado y, muy en concreto, de los marchantes o productores? Precisamente ese término, productor, da lugar a confusiones. En el caso concreto del cine, se suele llamar productor al que pone el dinero y, por tanto, se queda con los derechos de la obra y sus posibles réditos económicos. Por el contrario, en la cita con que encabezamos este debate, Walter Benjamin nos propone el concepto de intelectual como productor, como un proletario más, que debe tomar conciencia de su situación de clase y no entender su cultura y formación como un privilegio que lo pone inmediatamente en el lado de la burguesía.

Siguiendo en esa línea de pensamiento, nos encontramos con cine foros (que a menudo se denominan «sociales») con una línea política muy determinada, en la que no se da cabida a otras corrientes de pensamiento, pues se verían inmediatamente abrumados por la respuesta contraria del grupo monolítico que acapara la dirección del evento, lo cual nos hace pensar que posiblemente haya más espacio para la reflexión política en un cine foro de carácter meramente artístico (o cinematográfico), donde podría haber más debate, condición inexcusable para el quehacer político.

 

Posibles líneas de debate

-¿Es conveniente la profesionalización del arte?

-¿Es el artista un proletario?

-¿Debe el arte tratar temas políticos?

-¿Debe el artista hacer patente en su arte su conciencia política o puede dedicarse al «arte por el arte»?

-El cine político a menudo se convierte en un panfleto. ¿Cómo evitar eso?

-Cine foros sociales contra cine foros meramente cinematográficos.

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Poesía (2-2015): Antológicos y canónicos. Mercado literario y/o verdad estética

Antológicos y canónicos. Mercado literario y/o verdad estética

 

«La verdadera utilidad de Shakespeare o de Cervantes, de Homero o de Dante, de Chaucer o de Rabelais, consiste en contribuir al crecimiento de nuestro yo interior. Leer a fondo el canon no nos hará mejores o peores personas, ciudadanos más útiles o más dañinos. (…) Poseemos el canon porque somos mortales y nuestro tiempo es limitado»

Harold Bloom, El canon occidental

 

El número de antologías, de historias de la literatura y de guías de los grandes autores que todo el mundo debería leer se ha multiplicado exponencialmente en el siglo XX, hasta desbordar la bibliografía de las últimas décadas. La literatura está al alcance de la mano –y aun de la tecla– como un producto ya resuelto al que accedemos muchas veces pasivamente. Basta con acercarse a una tienda, fiarse de un título –a veces de un nombre–, depositar una cantidad de intercambio simbólico y empezar a leer en el metro los dos o tres primeros poemas o las líneas iniciales de la introducción del libro, sin poner en cuestión todo el trabajo y el posible aparato ideológico que hay detrás de esa recolecta lingüística que tenemos en nuestras manos.

Por un lado, contamos con las advertencias que la crítica –especialmente de carácter socialista o de los Estudios Culturales– han llevado a cabo sobre la imposible inocencia de nuestras acciones literarias –ya sea confeccionado antologías o editando, ya sea participando en recitales y formando cenáculos literarios, ya sea comprando un libro– y la inclusión en un sistema absorbente denominado campo literario, del que nada escapa. Por otro lado, cierta crítica neorromántica reacciona defendiendo y recuperando los valores estéticos y humanizadores que las artes y, en concreto, los considerados, histórica e intersubjetivamente, genios, pueden aportar siempre al ser humano. A lo mejor es tan grave imponer a Shakespeare o Cervantes en la escuela o en las librerías como imponerse en forma de grupo poético, a través de manifiestos y etcéteras, en el campo literario español. ¿Por qué? ¿Para qué? El debate está servido.

Posibles líneas de debate

¿Tenemos libertad para elegir lo que queremos leer o la literatura siempre nos viene dada?

¿La historia de la literatura es la que aparece en las Historias de la literatura? ¿La historia de la literatura la construyen los poetas, los críticos o los lectores?

¿Son inocentes los poetas que participan en recitales? ¿O al (auto)promocionarse participan del mercado literario? ¿Al preferir poco, pero bueno, estamos siendo puristas o éticos?

¿El tiempo siempre pone las cosas en su sitio? Si bien es necesario para la elaboración de un mapa literario, ¿existe realmente una altura estética, un posible canon de autores con valores para la humanidad o todo se decide, no se sabe dónde, etnocéntricamente?

 

Textos

«El productor del valor de la obra no es el artista sino el campo de producción como universo de creencia que produce el valor de la obra de arte como fetiche al producir la creencia en el poder creador del artista»

Pierre Bordieu, Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario.

«El personaje silencioso que presta su atención, su tiempo, sus conocimientos y su palabra al texto –antologado o traducido– hace notar su presencia, o se cree en la necesidad de hacerla notar, mediante una explicación. En realidad, la palabra y las ideas literarias del antólogo, sobre todo éstas, ya están en su selección»

José Francisco Ruiz Casanova, Antología Cátedra de Poesía de las Letras Hispánicas.

«Por primera vez en la historia universal, la reproductibilidad técnica emancipa a la obra artística de su existencia parasitaria en un ritual. (…) En lugar de su fundamentación en un ritual aparece su fundamentación en una praxis distinta, a saber en la política»

Walter Benjamin, «La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica».

«[Incluso] las obras de arte puras, que niegan el carácter de mercancía de la sociedad ya por el solo hecho de seguir su propia ley, han sido siempre al mismo tiempo también mercancías»

Max Horkheimer y Theodor Adorno, La industria cultural. Iluminismo como mistificación de masas.

Narrativa (4): Escritos inéditos, ¿tendencia?

Escritos inéditos ¿tendencia?

“Editores que dejaban de publicar novelas y sobre todo cuentos, incluso de premios Nobel, hacían crecer su comercio imprimiendo cartas, entrevistas y textos sueltos de esos mismos o de otros autores. Tan mal no les iría con esas compilaciones porque los inéditos azarosos de escritores superaban las ventas de novelas y ensayos”.

“De las doce mil páginas de que consta la obra de Cortázar, menos de la mitad corresponde a sus cuentos, novelas, poemas y ensayos: la mayoría está compuesta de cartas, textos misceláneos, pedacería… ¿Y si solo esto sobreviviera en el futuro?”

-Néstor García Canclini

Los lectores póstumos de Cortázar, Revista Letras Libres, noviembre 2014.

Néstor García se sitúa en el futuro y trata de imaginar cómo verían entonces la narrativa de las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI. Habla de la crisis del sector editorial, de las descatalogaciones de novelas, las innovaciones tecnológicas y, en especial, de la aparición de un nuevo género que denomina «escritos juveniles póstumos». Según él, esta categoría abarca desde cuentos a discursos, poemas, cartas, fotografías autocomentadas, papelitos y fotos de objetos.

Al igual que él, nos preguntamos si este género empieza a ocupar más horas de lectura que los relatos elegidos por los autores para entregar a las imprentas, y os proponemos reflexionar sobre lo que quedará de la narrativa presente para el futuro.

Posibles líneas de debate:

¿Son los escritos juveniles póstumos una tendencia real? ¿Se os ocurren más ejemplos además del de Cortázar?

¿Qué buscan los lectores en este tipo de publicaciones?

¿Puede deberse este fenómeno a la farandulización de los productos literarios?, ¿o responde más bien a que nos encontremos en una era de fatiga de los géneros, en la que la falta de experimentos literarios obliga a recurrir a otras formas de impacto en los lectores?

¿Cuál es la diferencia entre las cartas inéditas y los textos publicados?

¿Deberían estos textos publicarse? ¿Qué mutación cultural se produce al transformar el pacto postal entre escritor y un único lector en pacto con miles de “espías”?

¿Qué recordarán los lectores del futuro de esta época?

¿Cuál sería el género de la globalización? ¿La épica de las migraciones, las cartas, los mails, los whatsapp?

 

Lectura recomendada y fuente:

http://www.letraslibres.com/revista/convivio/los-lectores-postumos-de-cortazar?page=full

Narrativa (3): la influencia del mercado en la narrativa actual

La influencia del mercado en la narrativa actual

¿Qué leemos y escribimos?

“Los críticos no debemos permanecer neutros e impasibles ante la novela fácil y complaciente fomentada hoy día por la industria del libro (…): está tan atenta a las modas y los mecanismos del mercado y tan acomodada a lo políticamente correcto que sus actitudes e intenciones divergen en extremo de la literatura cuya visión de la realidad y cuyo compromiso con el ser humano aspiran a cambiar el mundo”.

-Santos Alonso

Asegura el escritor y crítico Santos Alonso que en la publicación, distribución y difusión de las novelas prima el criterio comercial por encima de lo cultural o lo literario. Habla del auge de una narrativa fácil, frívola, destinada a lectores que se dejan arrastrar por las modas y que solicitan productos digeribles y poco complejos.

En Proyecto Eureka nos preguntamos hasta qué punto el mercado marca tendencias en lo que se lee y lo que se escribe, y en el papel de la narrativa en la generación actual. ¿Hay espacio en la literatura para algo más que las modas o el entretenimiento? ¿Ya no existe esa narrativa que aspira a cambiar el mundo o solo está dejando de publicarse?

Posibles cauces de debate:

¿Han adaptado los creadores sus novelas a las exigencias del mercado? ¿Qué se escribe ahora? ¿Sobre qué se debería escribir?

¿Existe aún esa narrativa que aspira a cambiar el mundo o solo está dejando de publicarse? ¿Es realmente el mercado un filtro censor de lo literario y lo cultural o puede resultar un aliado?

¿Hablamos de lectores o de consumidores? ¿Ha cambiado en algo el perfil del receptor? ¿Sigue el lector únicamente los preceptos del mercado? ¿Qué o quiénes influyen en sus decisiones de lectura?

¿Cuál es la responsabilidad de las editoriales como prescriptoras?

¿Cuál es el papel actual de los críticos en la diferenciación de contenidos?